
Tavullia ha amanecido completamente congelada. La localidad natal de Valentino Rossi, situada a apenas diez kilómetros de la costa del Adriático, sufre estos días unas condiciones meteorológicas extremas. El paisaje ha cambiado el asfalto gris y la tierra marrón por un manto de nieve que cubre carreteras, coches y tejados.
La actividad en el cuartel general del #46 se ha detenido por fuerza mayor. El famoso MotoRanch, el santuario donde entrenan habitualmente los pilotos de la VR46 Riders Academy, está impracticable. La nieve ha tapado por completo las pistas de tierra, haciendo imposible cualquier intento de rodar con la moto de flat-track.
Valentino Rossi va a tener que buscar alternativas al entrenamiento en pista. El barro y el polvo que caracterizan sus sesiones han dado paso al hielo, y salir a derrapar ahora mismo sería una locura. Toca esperar a que el tiempo mejore y el sol haga su trabajo para recuperar el agarre del trazado.
Menos mal que la organización estuvo rápida con el calendario. La undécima edición de los 100 km dei Campioni se disputó a finales de noviembre de 2025, un movimiento que ahora cobra todo el sentido del mundo. Tradicionalmente esta fiesta se celebraba en enero, y de haber mantenido esa fecha, la cancelación habría sido inevitable.


Ver el rancho así, en silencio y cubierto de blanco, invita a recordar cómo empezó todo esto. Graziano Rossi compró estos terrenos con una visión muy distinta a la actual, inspirada en los ranchos estadounidenses de leyendas como Kenny Roberts. Valentino quería un lugar privado para mejorar el control de la moto lejos del asfalto.
Los inicios fueron mucho más rudimentarios que las instalaciones de lujo que vemos hoy. Rossi y amigos cercanos, como el siempre recordado Marco Simoncelli, empezaron trazando curvas sobre la hierba de forma casera. Aquellas tardes de derrapes informales sentaron las bases de lo que acabaría siendo una auténtica universidad del motociclismo.
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Todo cambió en 2014 con la fundación oficial de la Academy. Rossi se propuso plantar cara al dominio de los pilotos españoles y estructuró una escuela para potenciar el talento italiano. El lugar dejó de ser un simple sitio de recreo para convertirse en un centro de alto rendimiento donde se pule la técnica y se gestiona la carrera deportiva de los chavales.

