
Ver a Marc Márquez pasearse este 2025 con la placa de campeón del mundo en su Ducati oficial nos ha hecho olvidar muy rápido de dónde venimos. Los números de esta temporada asustan: 11 victorias de domingo, 14 al sprint y un dominio que nos ha devuelto al caníbal de siempre tras seis años de sequía. Pero para entender la magnitud de este séptimo título en la clase reina, hay que bajar al barro. Hay que volver a 2023.
Santi Hernández, el que fuera su jefe técnico y mano derecha durante la época dorada en Honda, ha decidido hablar claro en un documental de DAZN. Y sus palabras duelen. El técnico español ha recordado la angustia vivida en el box de HRC durante la última temporada que compartieron, un año que define sin paños calientes como el momento en el que el #93 tocó fondo de verdad.
Hubo un escenario clave en esta historia de terror: Sachsenring. Alemania siempre había sido el coto privado de caza de Márquez, un circuito donde ganaba casi por inercia. Sin embargo, aquel fin de semana de 2023 la Honda RC213V se convirtió en una bestia incontrolable. Tras cinco caídas y la decisión final de no correr, algo se rompió dentro del casco del piloto.
Hernández explica cómo la mente de Marc pasó de culpar a las lesiones a culparse a sí mismo. Antes de la cuarta operación, el discurso era otro. "Lógicamente, en 2023, cuando vuelve, de operarse otra vez, de recuperarse, de subirse a la moto, no salen los resultados... Antes aún decía: 'No tengo bien el brazo, debe ser el brazo'", comenta el ingeniero, recordando la etapa en la que el físico servía de escudo.
El problema llegó cuando la medicina hizo su parte. Tras pasar por el quirófano por cuarta vez tras la lesión de 2020, las excusas se acabaron. "Ahora te vuelves a operar, te dicen que el brazo no te va a quedar igual que antes, pero ya no tienes las limitaciones que tenías antes", señala Santi.
Aunque el técnico matiza que la perfección física ya era una quimera -"Sí había limitaciones, claro que sí. Es así, nunca va a quedar igual que antes"-, la funcionalidad había vuelto lo suficiente como para competir. Y ahí es donde la falta de rendimiento de la moto empezó a dinamitar la confianza del piloto.

La duda se instaló en el garaje. "Pero te das cuenta de que vuelves y dices: 'Ostras, igual esta no era la solución. Igual me ha llegado el momento, igual soy yo'", relata Hernández sobre los demonios internos de su amigo. Esa sensación de "empiezas a dudar de ti mismo, ves que no salen" fue el principio del fin de su relación con la marca del ala dorada.
Lo más impactante es hasta dónde llegó ese pensamiento. Marc no solo pensó en cambiar de equipo, pensó en dejarlo todo. "Caída tras caída, llega un punto en el que te preguntas: 'Soy yo. Igual soy yo. Igual se ha acabado mi carrera deportiva. Tengo que cerrar el chiringuito ya, igual me tengo que ir a casa'". Para Santi, esa frase resume la desesperación absoluta: "Son momentos en los que ves a Marc tocar fondo".
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Afortunadamente para el espectáculo, Márquez optó por el cambio a Gresini en 2024 y el salto a la Ducati roja después, en lugar de la retirada. Y aunque los caminos profesionales se separaron, el vínculo personal sigue intacto tras esos seis mundiales ganados juntos entre 2013 y 2019.

