
Casey Stoner es uno de los pocos elegidos capaces de ganar con dos marcas distintas en la categoría reina. Lejos de la nostalgia romántica que los aficionados suelen tener por aquel título de 2007 con los de Borgo Panigale, el #27 tiene muy claro cuál de sus dos campeonatos guarda con mayor cariño en su estantería personal.
Durante una de sus visitas al paddock de MotoGP a lo largo de este 2025, a Casey le preguntaron qué título significó más para él, y la respuesta del australiano fue sorprendente para muchos ducatistas: “Probablemente el de Honda”. Para entender esta elección hay que mirar más allá de la mecánica y centrarse en lo psicológico. Stoner sintió durante años que el mérito de sus victorias se atribuía injustamente a la superioridad técnica de la Desmosedici o a los neumáticos, dejando su talento en un segundo plano.
Esa espina clavada fue lo que hizo tan especial su llegada al equipo del ala dorada. “Fue simplemente agradable porque tuvimos muchas críticas durante mucho tiempo”, confesó el piloto. Ganar con la RC212V en su año de debut fue, además de una victoria deportiva, una reivindicación personal ante todos aquellos que dudaban.
El cambio de aires en 2011 sirvió para abrir los ojos al resto de la parrilla. “Nosotros, yo y mi equipo, realmente no obtuvimos el reconocimiento de lo que estábamos haciendo hasta que fuimos a Honda. Y entonces fue mucho más fácil ser competitivo”, explicó Stoner. Esa facilidad para rodar rápido con la montura japonesa contrastaba brutalmente con la agonía que suponía domar la moto italiana, validando por fin el esfuerzo titánico que había realizado los años anteriores.
Stoner siente que la perspectiva del tiempo ha jugado a su favor. “La gente, supongo, no entendió hasta que me fui a Honda, y la gente se movió por diferentes fabricantes, lo que estábamos haciendo con Ducati”, reflexionó. Ver a otros grandes pilotos fracasar con la moto roja posteriormente ayudó a dimensionar el milagro que él había obrado casi en solitario.
"Con Honda, todo me salió bien esa temporada", admitió sobre su 2011. Hubo pequeños baches, por supuesto, detalles que no pasaron a mayores: “Cometí un par de errores con la puesta a punto y sobrecalentamos los neumáticos y cosas así”. Sin embargo, la sensación general fue de control absoluto: “Pero al mismo tiempo, el campeonato fue muy, muy tranquilo”.

Todo lo contrario a lo vivido cuatro años antes. Cuando se le preguntó cuál de los dos mundiales fue más complicado de ganar, la duda ni siquiera asomó: “¿Qué título fue más difícil? Ducati, seguro”. Aquella moto de 2007, venerada hoy como una máquina perfecta, era en manos de Stoner una bestia indomable.
El australiano describe esa época como una batalla continua. “La moto era increíblemente difícil de pilotar”, aseguró. Los fines de semana de Gran Premio se convertían en una lucha contra los elementos para encontrar un set-up decente. “Con Ducati, era como si cada fin de semana fuera una pelea... Era muy, muy difícil hacer que funcionara en el área correcta”, relató sobre las complicaciones técnicas que escondían las victorias.
El estrés era el pan de cada día en el garaje rojo, con la fiabilidad mecánica pendiendo de un hilo en muchas ocasiones. “Así que fue más estresante. Tuvimos fallos de motor y cosas así. Por suerte, nunca en carrera. Pero fue el más difícil, sin duda, con Ducati”, sentenció.
Leer también: Paolo Simoncelli estalla contra la nueva MotoGP: "Los americanos están borrando la historia"
Los datos dan la razón a su percepción. Mientras Stoner sumaba 10 victorias y 14 podios en 2007, su compañero Loris Capirossi apenas lograba ser séptimo en la general con menos de la mitad de puntos. La estadística final es demoledora: en sus cuatro años vestido de rojo, Stoner cosechó 23 victorias, mientras que el resto de pilotos Ducati combinados solo lograron una.

