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Europa se ha cargado, de momento, la prohibición de los vehículos de gasolina. Pero, ¿y las motos?

Publicado el 21/12/2025 en Actualidad del sector

Europa parecía tenerlo claro: 2035 iba a ser el año del adiós definitivo a los motores de gasolina y diésel en los vehículos nuevos. Una fecha marcada en rojo en Bruselas, repetida hasta la saciedad por fabricantes, políticos y reguladores. Pero el guion ha cambiado. Y no poco. La Unión Europea se dispone a abandonar la prohibición total del motor de combustión prevista para ese año, sustituyendo el objetivo del 100% de reducción de CO2 por uno del 90%. En la práctica, el veto desaparece. Y la gran pregunta es inevitable: ¿qué pasa ahora con las motos?

El giro lo ha confirmado Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo, dejando claro que la tecnología de combustión no va a prohibirse ni en 2035 ni más adelante con un objetivo del 100%. El mensaje es claro: Bruselas ya no confía en que la electrificación total llegue a tiempo, ni al ritmo que se había prometido. Y aunque la normativa se formula oficialmente para coches y furgonetas, el impacto sobre las motocicletas es imposible de ignorar.

Desde hace años, la Comisión Europea venía deslizando que las motos acabarían bajo el mismo paraguas político que los vehículos de cuatro ruedas. No hoy, no mañana, pero sí más pronto que tarde. Esta marcha atrás cambia el tablero. Si el motor de combustión deja de estar proscrito para los coches, resulta muy difícil justificar una presión extrema sobre un sector como el de la moto, que parte con desventajas evidentes en electrificación: menor espacio para baterías, costes más altos y un uso mucho más diverso.

Para la industria de la moto, el alivio también es evidente. Se reduce la urgencia de lanzar gamas eléctricas completas cuando el mercado aún no las demanda. Las cifras de ventas de motocicletas eléctricas en Europa llevan tiempo mostrando estancamiento, especialmente fuera del entorno urbano. El cliente sigue sin ver claro pagar más por menos autonomía, más peso y tiempos de recarga que no encajan con el uso real de una moto media o grande.

El movimiento europeo también tiene una lectura industrial y política. Fabricantes de primer nivel llevan meses presionando para rebajar los objetivos, advirtiendo de riesgos para el empleo, la competitividad y la libertad de elección del consumidor. El nuevo enfoque reconoce, de forma implícita, que la transición no puede imponerse solo desde el BOE comunitario, sino que depende de infraestructuras, precios y aceptación social. Y ahí, hoy por hoy, la electrificación total no cumple.

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En clave de la industria de las motos, esto abre un escenario más realista. La combustión interna no desaparece del horizonte a corto ni medio plazo. Seguirá evolucionando, probablemente combinada con combustibles sintéticos, hibridación ligera y mejoras en eficiencia. La moto eléctrica seguirá teniendo su espacio, sobre todo en ciudad y movilidad diaria, pero deja de ser una obligación impuesta para todo el mercado.

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