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- Petrucci afirma que la Ducati de Bulega podría ser competitiva incluso en la parrilla de MotoGP.
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- La BMW sufre una crisis de tracción que genera un duelo constante entre derrapes y caballitos.
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- El piloto confía en que los circuitos de frenada fuerte ayuden a mitigar la superioridad de Ducati.
El fin de semana en Assen ha dejado claro que, ahora mismo, hay dos campeonatos en las Superbike: el de las Ducati y el de todos los demás. La superioridad de las motos rojas ha sido tan aplastante que ha dejado a pilotos con mucha experiencia, como Danilo Petrucci, rascándose la cabeza y buscando explicaciones en el box de BMW.
Para Petrucci, correr en la Catedral de la velocidad ha pasado de ser una motivación a convertirse en un dolor de muelas constante. El italiano terminó la carrera del domingo en novena posición, a un mundo de la cabeza. Ver cómo Nicolò Bulega se escapaba sin esfuerzo mientras él sufría para mantener la moto recta fue un golpe de realidad difícil de digerir.
"No estamos felices, sabíamos que serían carreras difíciles", soltó Danilo nada más bajarse de la moto. El problema de la BMW no es la velocidad punta, sino cómo gestiona la potencia cuando toca abrir gas. En un circuito tan fluido como el de Assen, si la moto no tracciona bien, estás perdido. El piloto lo resumió bien: "Somos fuertes en los frenos, pero en Assen no hay muchas zonas de frenado fuerte".
La moto alemana parece tener una pelea interna entre la electrónica y el motor. Petrucci explicó de forma muy clara que el comportamiento de su M 1000 RR fue un auténtico suplicio. "Al principio, el neumático trasero solo patinaba; cuando no lo hacía, teníamos caballitos. Fue un vaivén constante entre deslizamientos y caballitos", comentó sobre la pelea que mantuvo con el manillar.
Este descontrol hace que la electrónica entre en acción de forma muy brusca para evitar sustos mayores, pero el resultado es que la moto pierde toda la fuerza. "Se pierde mucha energía porque la electrónica reduce constantemente la potencia del motor", explicó Petrucci. Para él, el problema es evidente: "La entrega de potencia de nuestro motor es muy suave, pero no llevamos toda la potencia al suelo".
Esa diferencia de rendimiento es lo que más le quema. El italiano reconoció que para intentar no perder el tren de los de delante, tuvo que abusar de los frenos más de la cuenta. "Para recuperar teníamos que usar mucho el neumático delantero, estaba acabado antes que el trasero", confesó. Es el peaje que hay que pagar cuando tu moto no sale bien de las curvas.
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Lo que más ha llamado la atención de sus declaraciones ha sido su visión sobre el dominio de Ducati. Al ver el ritmo que llevaba Bulega, que ha igualado el récord de victorias consecutivas, Petrucci no pudo evitar soltar una frase que resume el sentir de muchos en el paddock. "Había pilotos top delante, pero posiblemente tengan algo bajo la manga con su moto", sugirió el de Terni.
"Cuando vi las vueltas rápidas de carrera de Bulega, me quedé impresionado. Podría ser incluso competitivo en MotoGP con su moto", afirmó no sin ironía. Es su forma de decir que el nivel de la Ducati actual está en otra dimensión: "Si seis Ducati corren delante, esa máquina es muy buena. Pero yo piloto una BMW y tenemos que mejorar".
Ahora el Mundial viaja hacia circuitos con frenadas más fuertes, como Balaton, donde Petrucci espera que la BMW saque un poco más de pecho. "En Balaton espero que vaya un poco mejor, allí hay muchas zonas de frenado fuerte donde somos buenos", comentó con esperanza. Sin embargo, sabe que no puede rendirse: "No nos queda otra opción que trabajar más duro".
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De momento, la realidad es que el muro rojo de Borgo Panigale parece insuperable para el resto de marcas. Petrucci sigue intentándolo, pero su frustración es el reflejo de una parrilla que empieza a acostumbrarse a ver siempre el mismo resultado en la pantalla de tiempos. "No sé cómo, pero nos falta algo", sentenció para cerrar un fin de semana gris.

