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Yamaha asume que su modelo ya no funciona: "No es el mejor camino hacerlo todo desde Japón"

Publicado el 12/04/2026 en Mundial de Motociclismo

Yamaha atraviesa uno de esos momentos en los que toca mirarse hacia dentro y aceptar que lo que antes funcionaba, hoy ya no basta. El inicio de temporada en MotoGP ha sido un auténtico viacrucis para la M1, especialmente con la introducción del nuevo motor V4, y dentro de la propia fábrica japonesa ya empiezan a señalar sin rodeos dónde están algunos de los problemas.

Durante más de dos décadas, la base europea de Yamaha en Gerno di Lesmo (Italia) ha sido clave para sus operaciones en competición, pero la estructura global sigue dependiendo en gran medida de Japón. Y ahí es donde empiezan las fricciones, pues las diferencias culturales, los tiempos de reacción y la forma de trabajar han terminado pasando factura frente a fabricantes europeos mucho más ágiles.

Max Bartolini, jefe técnico del proyecto de MotoGP, lo explica con claridad: “Intentamos desde hace tiempo mejorar los procesos de trabajo. Es complicado cuando tienes departamentos que colaboran desde lados opuestos del mundo. Ahí todavía tenemos margen de mejora”. Una reflexión que deja entrever que el problema no es solo técnico, sino también estructural.

El italiano va un paso más allá al analizar la filosofía de la marca: “En algunos aspectos, europeos y japoneses son muy parecidos, pero en otros están muy alejados. Yamaha tiene una visión global, no solo en el motorsport, y creo que en el futuro se verá aún más como una empresa mundial”. Y ahí lanza la frase más contundente: “Tienen claro que no es el mejor camino si lo mantienes todo en Japón”.

Mientras tanto, en pista la situación es crítica. La revolución técnica iniciada en 2024 con el desarrollo del V4 (pensando ya en el reglamento de 2027 con motores de 850cc) está siendo mucho más dura de lo esperado. Y para prueba, datos: Fabio Quartararo apenas ha sumado seis puntos en las seis primeras carreras, lo que le sitúa en una discreta 17ª posición del campeonato, mientras Yamaha cierra la clasificación de constructores con menos de un tercio de los puntos de Honda.

El problema es que el desarrollo no puede detenerse. Yamaha se ve obligada a avanzar en dos direcciones al mismo tiempo: mejorar la moto actual y preparar el futuro reglamentario: “Tenemos que seguir evolucionando el concepto de la moto actual, porque hay cosas que solo puedes probar en un fin de semana de carreras”, explica Bartolini.

En ese contexto, incluso herramientas clásicas como las wildcards empiezan a perder sentido: “Al final de la temporada probablemente ya no tengan mucho valor, salvo que pruebes cosas conceptuales como el chasis, el basculante o sistemas de refrigeración”, admite. Y añade un factor clave: “Con el cambio de Michelin a Pirelli, muchas piezas dejan de tener sentido si las pruebas ahora con unos neumáticos que no usarás en el futuro”.

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Aun así, el trabajo no se detiene; Yamaha sigue apoyándose en pilotos probadores como Augusto Fernández y Andrea Dovizioso, además de mantener ciertas pruebas en Japón para validar aspectos de fiabilidad. “No lo hacemos tanto como antes, pero seguimos recurriendo a ello en ocasiones”, concluye Bartolini.

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