
La aventura de Damon Motorcycles parece haber llegado a su punto final de la forma más amarga posible. La startup canadiense, que prometió revolucionar el mundo de las dos ruedas con una superbike eléctrica de 200 CV y 320 km/h, se ha quedado descabezada. En las últimas semanas, se ha producido una huida masiva de sus altos cargos, dejando a la empresa en una situación de parálisis total y con un futuro que pinta muy negro para quienes hicieron una reserva.
Dominic Kwong, cofundador y hasta ahora CEO de la marca, ha sido uno de los últimos en bajarse del barco. Su salida no es un hecho aislado, ya que viene acompañada de la renuncia de la Directora Financiera, Bal Bhullar, y de prácticamente todo el consejo de administración. Esta desbandada generalizada sugiere que el proyecto de la Hypersport, esa moto que iba a cambiar las reglas del juego, se ha quedado sin nadie al volante.
Uno de los movimientos más extraños ha sido el de Dino Mariutti. Fue nombrado CFO interino hace apenas unas semanas, el 9 de febrero de 2026, para intentar poner orden en las cuentas tras la marcha de Bhullar. Sin embargo, su paso por el cargo ha durado menos que un suspiro, confirmándose su salida junto al resto de la directiva este mismo 27 de febrero. Cuando los que tienen que gestionar el dinero se van tan rápido, la confianza de los inversores desaparece por completo.
La situación en el consejo de administración es igual de desoladora. Karan Sodhi, uno de los vocales, también presentó su dimisión recientemente. En un intento de no hacer más ruido del necesario, la empresa lanzó un comunicado asegurando que su marcha "no estaba relacionada con ningún desacuerdo con la compañía".
Pero lo cierto es que, tras estas bajas, la web de Damon apenas muestra nombres de responsables, dejando claro que no hay una estructura real para seguir adelante.

A día de hoy, el panorama para los clientes es desolador. Hay cerca de 3.000 personas que pagaron un depósito por una moto que, a estas alturas de 2026, sigue siendo un prototipo que no ha pisado la calle. Aunque desde la marca siempre dijeron que el dinero de las reservas era totalmente reembolsable, con la cúpula directiva fuera y las oficinas vacías, recuperar esos ahorros se antoja una misión casi imposible para los afectados.
La caída de Damon no ha sido algo repentino, sino una agonía de dos años. La empresa ha pasado de tener 200 empleados a quedarse con apenas 13 supervivientes en sus últimos meses. Por el camino se han quedado una fábrica que nunca se construyó, demandas judiciales entre los fundadores y problemas internos que incluían hasta mordeduras de perro en la oficina. Todo un cúmulo de despropósitos que ha terminado por secar la entrada de capital.
Lo más doloroso es que la Hypersport, sobre el papel, era una máquina increíble. Prometía 200 CV, 300 kms de autonomía y tecnología de seguridad activa nunca vista. Pero la realidad es que el equipo de ingeniería que desarrolló esos primeros prototipos ya no está en la empresa. Sin ingenieros y sin directivos, fabricar una moto de ese calibre es, sencillamente, una utopía.
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Actualmente, solo quedan un par de nombres en el organigrama de la web: Rob Chartier y Kurt Risic. Son los últimos técnicos que intentan mantener el servidor encendido, pero sin un centro de producción ni apoyo financiero, poco pueden hacer. La marca que iba a ser el referente eléctrico se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo no gestionar una startup tecnológica. Con los fundadores fuera y las cuentas vacías, todo apunta a que estamos ante el cierre definitivo de Damon Motorcycles.

