
Marc Márquez ha vuelto a Madrid para un evento de Estrella Galicia y no ha dejado indiferente a nadie. El actual campeón de 2025, que ya cuenta con nueve títulos en el bolsillo, ha hablado con la claridad que le caracteriza sobre el momento que vive Ducati y su futuro en la competición. Tras un Gran Premio de Tailandia donde la marca italiana no rascó podio, las preguntas sobre una posible dependencia del piloto catalán no tardaron en aparecer.
Márquez quiso ser realista y no buscar excusas baratas. "Fue la primera carrera en mucho tiempo sin una Ducati en el podio. Creo y espero que sea algo puntual, por las condiciones del fin de semana", explicó el de Cervera. Para él, la moto sigue siendo competitiva y recordó que el año pasado, cuando él no estaba en pista por lesión, otros compañeros daban la cara: "En un invierno la moto no deja de funcionar", sentenció para zanjar cualquier duda sobre el rendimiento de la Desmosedici.
El piloto tiene claro que, si no llega a ser por su inesperado pinchazo, el resultado en Tailandia habría sido muy distinto. "De no haber pasado lo que me pasó, creo que habría subido una Ducati al podio, era factible", aseguró con rotundidad. Marc es consciente de que el nivel de la parrilla sube cada día y que no pueden dormirse en los laureles. Según sus palabras, "todos mejoran, nosotros tenemos que dar un paso en pilotaje y mecánica".
Uno de los temas calientes fue el papel de los neumáticos Michelin y si una carcasa específica ayudó a Aprilia a estar arriba. Márquez fue directo y no quiso comprar esa teoría. Sus sensaciones no cambiaron respecto a las pruebas de pretemporada y prefirió centrarse en el trabajo propio.
"Lo de la carcasa sería un discurso vendible, pero es la misma del año pasado", afirmó Marc para desmentir los rumores del paddock. El piloto prefiere mirar hacia adentro y seguir apretando los dientes para evolucionar. "Yo siempre me autoexigo, el año pasado acabamos primero, segundo y tercero. Hay que seguir mejorando", recordó sobre el dominio absoluto de la marca roja en la anterior campaña.
Márquez también habló de su estabilidad personal y de por qué eligió Madrid como su base de operaciones definitiva. Tras tres años viviendo en la capital, ha montado una estructura que le permite rendir al máximo nivel sin distracciones. "Soy consciente de que, mientras esté en activo, mi base estará aquí", confesó el piloto.

Para Marc, la clave del éxito está en la continuidad de lo que ya funciona. "Tengo mis circuitos para entrenar, el Búnker, mi equipo fisios, médicos, montado perfectamente... cuando tienes todo que va rodado, tienes que dejarlo igual", explicó con total naturalidad. La idea de mudarse o cambiar de aires solo se la planteará cuando decida colgar el mono, algo que "ya llegará" a su debido tiempo.
Sobre su retirada, Márquez no quiso dar una fecha concreta ni ligarla necesariamente a su décimo título mundial. "Retirarse es una de las cosas más difíciles para un periodista. Saber cuándo y por qué", bromeó con los medios presentes. Para él, es una decisión que nace de dentro y no de un plan trazado en un papel: "No puedes planificar tu retirada a largo plazo, es algo que sentiré en el futuro".
El momento más picante de la rueda de prensa llegó cuando salió a la palestra el nombre de Pedro Acosta, el que posiblemente será su compañero de filas en 2027. Muchos comparan el descaro del murciano con los inicios de Marc, pero el nueve veces campeón del mundo quiso poner los puntos sobre las íes con una frase que resonó en toda la sala.
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Al preguntarle si veía reflejado su propio espíritu de 2013 en los intentos de Acosta por bajarle del trono, Márquez soltó un bombazo entre risas: "El Marc Márquez de 2013 ganó en su primer año", fue su frase exacta, marcando territorio.

