NOTICIAS

Hace 118 años alguien decidió meterle a una bici un V8 aeronáutico. Hoy vale como una MotoGP

Publicado el 04/01/2026 en Otras noticias

Hace cien años, 160 km/h no significaban lo mismo que hoy. Sobre el papel es solo una cifra, distancia dividida entre tiempo. En la práctica, es otra historia muy distinta. Hoy cualquier naked de media cilindrada (ni siquira hablamos de una grande) puede rodar a esa velocidad sin demasiado drama, con un chasis estable, neumáticos que agarran de verdad y frenos pensados para detenerte sin rezar. En 1907, llegar a 160 km/h era poco menos que una locura consciente.

Por eso la Curtiss V8 sigue siendo una de las motos más perturbadoras jamás construidas en la historia de las dos ruedas. Básicamente era una bicicleta reforzada a la que alguien decidió acoplarle un motor V8 de origen aeronáutico. No por comodidad, no por refinamiento. Solo para ir más rápido que nadie sobre dos ruedas.

La idea salió de Glenn Curtiss, pionero de la aviación y del motociclismo en una época en la que ambos mundos aún se estaban inventando. Su creación montaba un enorme V8 de 4,0 litros que entregaba alrededor de 40 CV. Hoy esa cifra no impresiona a nadie. En 1907 era dinamita pura. La mayoría de motos de la época apenas podían mantenerse en marcha con monocilíndricos modestos y una fiabilidad más que discutible. Curtiss fue directamente al extremo.

El resto del conjunto estaba a la altura del disparate. Chasis casi de bicicleta, neumáticos que hoy no pasarían ni por ruedas de carretilla y frenos que eran poco más que una sugerencia. No había margen de error. No existía la noción moderna de seguridad. Si algo fallaba, fallaba todo.

Aun así, las cifras que se le atribuyen siguen helando la sangre. Se hablaba de más de 210 km/h. Algunas fuentes incluso apuntan más alto. No es solo que fuese rápido. Es que era profundamente irresponsable bajo cualquier estándar actual. Y, sin embargo, así se batían récords entonces: a base de valor, no de simulaciones ni telemetría.

La moto que aparece hoy en Jay Leno’s Garage no es el ejemplar original de récord, que es demasiado frágil y valioso para rodar y descansa como pieza de museo. Se trata de una réplica funcional, construida con un nivel de fidelidad obsesivo, capaz de arrancar, rodar y recordar exactamente por qué esta máquina da miedo incluso parada.

Y ahí entra otro factor clave: quién la muestra. Jay Leno no es un famoso paseándose entre juguetes caros. Lleva décadas demostrando que entiende la mecánica, que se mancha las manos y que, sobre todo, respeta las máquinas por lo que son. Cuando habla de la Curtiss V8 no la endulza ni la convierte en una anécdota simpática. La trata como lo que es: un artefacto peligroso, nacido en una época en la que la velocidad se perseguía sin red.

Verla rodar hoy, en una carretera vacía, resulta casi incómodo. No hay electrónica, no hay ayudas, no hay suspensión pensada para absorber nada. Solo un motor enorme empujando sin contemplaciones y un piloto confiando en que todo aguante un poco más.

Leer también: El (otro) récord de Valentino Rossi que Marc Márquez puede romper este 2026

Y ahí está la clave de por qué esta moto sigue importando. No por la cifra en sí, sino por lo que significaba entonces. La velocidad no ha cambiado. Lo que ha cambiado es nuestra relación con ella. Hoy está filtrada por décadas de ingeniería, por control de tracción, ABS y neumáticos que parecen magia. En 1907 era cruda, impredecible y aterradora. La Curtiss V8 es el recordatorio perfecto de eso. De una época en la que alcanzar 160 km/h no era una demostración tecnológica pulida, sino un acto de fe mecánica. Y de puro coraje.

Tags: Curtiss V8, Glenn Curtiss, récord de velocidad 1907, motor V8 aeronáutico, historia del motociclismo, motos antiguas, réplica Curtiss V8, motor 4.0 litros, pioneros de la aviación, motos clásicas.


GALERÍA DE FOTOS

Sólo los usuarios registrados pueden añadir un comentario. Por favor, inicia sesión o regístrate a través de este enlace.