
En el paddock de MotoGP existe una vieja costumbre que consiste en cortar cabezas dentro del box cuando los tiempos no salen. Cambiar al jefe de mecánicos o a los telemétricos suele ser la primera bala que gastan los pilotos cuando entran en crisis. Sin embargo, Alex Rins ha decidido ir a contracorriente. El barcelonés prefiere la estabilidad a la revolución y ha confirmado que no tocará ni una coma de su entorno humano para la temporada decisiva que se avecina.
La travesía de Rins vestido de azul no está siendo el camino de rosas que muchos imaginamos. Cuando fichó por la marca de Iwata para 2024, la lógica dictaba que el matrimonio sería perfecto. Venía de pilotar la Suzuki, una moto con motor de cuatro cilindros en línea muy similar a la M1, y se esperaba que la adaptación fuera coser y cantar tras su tormentoso y doloroso paso por el LCR Honda. La realidad, por desgracia, ha sido mucho más cruel.
Los números de esta temporada 2025 que acabamos de cerrar son de los que duelen al mirarlos. Mientras Fabio Quartararo se las apañaba para sacar petróleo de la Yamaha, sumando 201 puntos y pisando el cajón varias veces, Rins se ha quedado estancado en la 19ª posición de la general.
Apenas 68 puntos en el casillero y siendo la tercera Yamaha de la parrilla son un bagaje muy pobre para un piloto que sabe lo que es ganar carreras con dos marcas diferentes.
Esa disparidad de rendimiento con su compañero de box ha pesado como una losa. El propio piloto reconoce que la situación le ha pasado factura psicológica. "Ha sido un poco duro mentalmente", admitía en Valencia al hacer balance de este bienio. Verse tan lejos de la cabeza cuando sabes que tienes el talento para estar ahí es una de las pruebas más difíciles para cualquier deportista de élite.
Aun así, Rins tiene claro que la culpa no reside en las manos que tocan su moto. En los momentos donde todo sale mal, es cuando más se necesita un núcleo fuerte, y él parece haberlo encontrado. "Pero tener un buen grupo de gente a tu alrededor y buenos profesionales lo hace más fácil", asegura el piloto.

Hubo brotes verdes, por supuesto. El Gran Premio de Indonesia de 2025 nos regaló un destello del verdadero Rins, clasificando cuarto y peleando con los gallos para terminar séptimo. Fue una demostración de que la velocidad sigue ahí, latente, esperando a que la maquinaria acompañe.
Por eso, la decisión para 2026 es firme: continuidad total. Nada de experimentos con el personal. "Al final, necesitas estar al 100%, así que ellos intentan, en los momentos más difíciles, no pensar así", comenta sobre cómo su equipo gestiona la presión. Su confianza en ellos es ciega: "Creo en mi equipo y sé que son muy profesionales y que son los mejores".
Yamaha ha respetado los deseos de su piloto y ha garantizado que las mismas caras seguirán recibiéndole en el garaje la próxima campaña. "Para el año que viene, Yamaha les ha renovado el contrato, así que todo va a seguir igual", confirmó el catalán.
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El 2026 no será un año cualquiera. Es la última temporada de contrato de Rins y coincide con el cambio de paradigma más bestia de Yamaha en la era moderna: la llegada del esperado motor V4. Todo empezará a rodar el próximo 21 de enero en Yakarta, Indonesia, donde Rins y Quartararo presentarán los nuevos colores. Y en el horizonte, una amenaza: la de un Toprak Razgatlioglu que competirá en el equipo vecino del PRAMAC Racing a la espera de quedarse con una de las M1 oficiales en 2027.

