
Hay batallas que definen una era y luego está lo de Laguna Seca 2008. Aquel domingo en California no fue una carrera más, fue un cara a cara que cambió el rumbo de MotoGP. Valentino Rossi ha pasado recientemente por el podcast Mig Babol y ha decidido quitarse la careta para explicar qué pasaba realmente por su cabeza mientras rodaba al límite contra la Ducati número 27.
Lo que ha contado el italiano cambia bastante la perspectiva de aquel duelo histórico. Lejos de venderse como el héroe que venció al villano por pura velocidad, Rossi admite su inferioridad técnica aquel día con franqueza. Casey Stoner volaba. La Desmosedici y el australiano eran un binomio perfecto, casi intocable aquel fin de semana. El propio Valentino lo ha reconocido con una frase que engrandece a su rival: "Stoner ha sido el piloto con más talento que he visto contra mí. De todos".
Esa declaración tiene muchísimo peso viniendo de alguien que se ha peleado en pista con Biaggi, Gibernau, Lorenzo y Márquez. Sin embargo, el 'Doctor' pone a Casey un escalón por encima en cuanto a talento natural. Según el de Tavullia, Stoner "hacía cosas increíbles con la moto, sobre todo en condiciones difíciles: medio seco, medio mojado, viento, frío… daba miedo".
Pero el miedo no paralizó al #46, lo activó de una forma peligrosa. La estrategia para aquel Gran Premio de Estados Unidos se cocinó mucho antes de que se apagara el semáforo, concretamente en el coche de alquiler camino al circuito. Fue una charla privada con Uccio Salucci la que marcó el tono absolutamente bélico de la jornada. Rossi sabía que, en condiciones normales, no tenía nada que hacer.
Valentino recuerda esa conversación: "Me acuerdo que salimos con Uccio por la mañana para ir hacia Laguna Seca y Uccio me dice: '¿Cómo lo hacemos?'. Y yo le dije: 'Mira, todo por el todo hoy, el primer objetivo es que no debe ganar él. Luego, si nos caemos los dos, si no llego, da igual, pero no debe ganar él'". La orden interna era sencilla: ganar o morir matando.
Con esa mentalidad kamikaze salió a pista. Casey intentó imponer su ritmo desde el inicio, calentando gomas y buscando la escapada habitual, pero se encontró con una Yamaha que no respetaba las trazadas lógicas ni el espacio vital. El momento cumbre llegó muy pronto, en la vuelta cuatro, en esa bajada ciega que todos tenemos grabada en la retina.
Sobre aquel adelantamiento pisando la tierra, Rossi comenta la incredulidad que sintió su rival en ese instante: "En el Sacacorchos le pasé ahí, y él dijo: '¿Pero cómo?'. Desde ahí empezamos a hacer el loco y nos pasamos siete u ocho veces". No fue solo una maniobra al límite, fue una declaración de intenciones. Rossi sabía que, por ritmo puro, perdía. Tenía que convertir la carrera en una pelea de bar.

La clave estuvo en gestionar el cansancio y el ritmo. El italiano confiesa que ya no le quedaba nada más en el bolsillo tras los primeros compases: "El adelantamiento mítico fue en la quinta vuelta, pero en Laguna Seca había treinta… yo ya había dado todo". Por eso cambió el enfoque radicalmente. Ya no se trataba de ir rápido, sino de impedir físicamente que Casey lo fuera.
El plan consistía en bloquear sistemáticamente los puntos fuertes de la Ducati para desquiciar al australiano. Rossi lo explica técnicamente: "Sabía que no lo debía dejar estar delante en la bajada, porque él iba fortísimo… después del Sacacorchos está esa a derechas y él ahí daba miedo".
Al taponar esas zonas críticas, obligó a Stoner a pilotar incómodo. "Si estaba yo delante, le taponaba y él empezó a intentar pasarme, se puso nervioso… hasta que cometió el error", relata Rossi. Para él, la caída de Stoner en la última curva no fue casualidad, sino la consecuencia de haberle taladrado la mente vuelta tras vuelta.
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El italiano identificó la única debilidad de un piloto por lo demás perfecto: "De cabeza era menos fuerte, y es ahí donde intenté apuntar". Una confesión que, años después, nos confirma que aquel día en el Sacacorchos valía absolutamente todo para frenar al rival más talentoso de la parrilla.

