
Valentino Rossi ha revelado un detalle de su físico que explica, en parte, por qué aguantó tantos años al máximo nivel en MotoGP sin desgastarse como los demás. Mientras que casi todos los pilotos acaban pasando por el quirófano para operarse los brazos, el italiano ha confesado que su cuerpo le dio una tregua... durante toda su carrera. Il Dottore nunca sufrió el temido síndrome compartimental, una ventaja que sus rivales consideran casi un superpoder.
El síndrome compartimental es una dolencia casi universal en el motociclismo de élite. Las motos actuales, que ya rozan los 300 caballos de potencia, exigen un esfuerzo físico brutal en las frenadas. Esto hace que el músculo crezca tanto que la fascia que lo recubre se queda pequeña, cortando la circulación y dejando la mano sin fuerza ni tacto. Para solucionarlo, los pilotos se operan para abrir ese tejido y dejar que el músculo respire.
En una charla reciente entre leyendas del mundial, Dani Pedrosa quiso salir de dudas y le preguntó directamente a Rossi si él también había pasado por eso. La respuesta del 46 fue corta y clara: “Cero”. Rossi aseguró que, a pesar de las décadas compitiendo al máximo nivel, nunca tuvo que enfrentarse a este problema en MotoGP.
La sorpresa de Pedrosa fue total, ya que el piloto español es probablemente quien más ha sufrido por sus antebrazos. Dani llegó a someterse a una cirugía complicadísima en 2015, retirando toda la fascia, para intentar salvar su carrera profesional. Ante la incredulidad de sus compañeros, Valentino insistió: “Nunca tuve síndrome compartimental”.
Jorge Lorenzo, que también estaba presente en la conversación, no tardó en señalar que no sufrir esta dolencia es “una gran ventaja”. Al no tener que gestionar el dolor o la pérdida de sensibilidad en los dedos, Rossi podía centrarse exclusivamente en el pilotaje y en la estrategia, especialmente en las últimas vueltas de los Grandes Premios, que es cuando el físico suele decir basta.

El piloto italiano tiene claro que su resistencia no se debe a un entrenamiento secreto ni a una técnica especial. “En mi opinión, es suerte genética”, confesó Rossi. Para él, la clave está en el ADN de cada uno y en cómo está construido el cuerpo de forma natural. “Depende de tus genes, de lo grandes que sean tus antebrazos. Eso fue una gran suerte para mí”, añadió el de Tavullia.
Rossi sí admitió que en algunas ocasiones practicando motocross notó algo de fatiga, pero nada comparado con lo que viven sus rivales en los circuitos de velocidad. Según explicó, él llegaba a cansarse, pero sus manos seguían funcionando correctamente. “Más que síndrome compartimental, me cansaba. Por no tener fuerza, pero mi antebrazo y mi mano funcionaban normal”, aclaró sobre sus sensaciones sobre la moto.
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Dani Pedrosa aprovechó para recordar lo difícil que fue su etapa en Honda por culpa de este problema. El piloto catalán explicó que en 2014 llegó a un punto límite donde apenas podía controlar la moto. “En 2014, estaba pilotando solo con el brazo izquierdo”, recordó Dani, subrayando que en su caso el entrenamiento de gimnasio incluso empeoraba las cosas debido a su pequeño tamaño físico.

