
Por Borja Arias@borjarias | Google+ |
¡Hola a todos! He vuelto de Portugal con las botas llenas de polvo y una sonrisa de oreja a oreja. He tenido la oportunidad de exprimir a fondo la nueva BMW F 450 GS, un modelo que no es solo una novedad más, sino la pieza del puzzle que le faltaba a la firma bávara. Esta moto llega para llenar el enorme vacío que existía entre la pequeña G 310 y las potentes F 900, presentándose como la opción definitiva para los usuarios del carné A2 que buscan una Trail de verdad, o para veteranos que, como yo, empiezan a valorar más la ligereza que la potencia bruta.
Lo primero que te entra por los ojos es su innegable ADN GS, pero lo que realmente me ha sorprendido es su tecnología Easy Clutch (RC). No es un simple cambio rápido; es un sistema que permite olvidarte de la maneta de embrague incluso al detenerte en un semáforo o hacer off-road técnico. La moto no se cala nunca. Al principio se siente extraño, casi como un variador de scooter hasta que engancha a las 3.000 vueltas, pero una vez te acostumbras, es una hereamienta que facilita la vida tanto en ciudad como en los senderos más complicados.
Bajo el asiento late un corazón totalmente nuevo: un bicilíndrico de 450 cc desarrollado con TVS que rinde los 47 CV legales del A2. Lo que lo hace especial es su calado de cigüeñal a 135 grados, que le da un ronroneo y un carácter con mucho "punch" en bajos y medios. No vibra de forma molesta como la 310, gracias a su doble árbol de levas, y ofrece ese bramido endurero que te pide guerra en cada acelerón. Además, homologa un consumo de solo 3,8 l/100 km, aunque apretándole en campo yo lo he subido un poquito más.
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Si hablamos de la parte ciclo, aquí es donde BMW ha dado el do de pecho. Con solo 178 kg en orden de marcha, es una de las motos más livianas de su clase. Esto, amigos, es la gloria cuando te metes en líos fuera del asfalto; levantarla es un juego de niños comparado con una 1300. En esta versión Trophy, monta unas suspensiones Kayaba totalmente regulables con 180 mm de recorrido que han tragado piedras, arena y saltos sin rechistar, dándome siempre una lectura clarísima de lo que pasaba bajo las ruedas.
La ergonomía es puramente aventurera. El asiento de serie está a 845 mm, algo elevado para los menos experimentados, aunque BMW ofrece opciones desde 830 hasta 865 mm. Yo, con mi 1,80 m, llego bien, pero reconozco que la moto es compacta entre ejes. Aun así, el puesto de mando está muy bien resuelto: una pantalla TFT de 6,5 pulgadas (la misma de sus hermanas mayores) que se ve de lujo, piñas intuitivas y una protección aerodinámica que, aunque escueta, salva bien el pecho del viento.
En el apartado electrónico, la F 450 GS juega en otra liga. Tenemos ABS con asistencia en curva, control de tracción dinámico y varios modos de conducción (Rain, Road y Enduro). El modo Enduro Pro es el que más he disfrutado, ya que desconecta el ABS trasero para permitirte cruzar la moto y colocarla donde quieras. Las ayudas son finísimas; ves los testigos parpadear en la pantalla pero apenas notas la intrusión en el comportamiento de la moto, algo típico de los modelos de gama alta de la marca.
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Hablemos de sensaciones dinámicas. En carretera es reactiva y divertida, aunque si le exiges mucho al tren delantero puedes notar un pelín de nerviosismo debido a su ligereza y a la llanta de 19 pulgadas. En campo, sin embargo, es una auténtica bicicleta. Me ha permitido entrar en zonas técnicas con una confianza que no tendría con una Maxi Trail. Los frenos Brembo/ByBre cumplen bien, aunque en asfalto a ritmo muy fuerte sí que le pediría un puntito más de mordida inicial al disco delantero de 310 mm.
¿Y el bolsillo? La gama arranca cerca de los 7.400 €, llegando hasta los 8.300 € de esta versión Trophy tan equipada. Es un precio "premium", pero estamos ante una BMW con todas las letras: acabados de calidad, intervalos de mantenimiento cada 10.000 km y un valor de reventa que suele ser imbatible. Es cierto que las rivales asiáticas vienen pegando fuerte con precios más bajos, pero el equilibrio y el sello de esta plataforma son argumentos muy potentes.
Como conclusión, creo que BMW ha dado en el clavo. Esta plataforma GS es solo el principio (apuesto lo que queráis a que veremos pronto una Naked y una deportiva con este motor), y lo hace en el segmento más reñido del mercado actual. Es una moto fácil para aprender y excitante para los que ya sabemos de qué va esto. Sin duda, una de las motos más divertidas que he probado últimamente.
No os perdáis todos los detalles y cómo suena este motor en el vídeo que os dejo aquí abajo:
Por Borja Arias