
- Harley-Davidson trasladará parte de la producción del motor Revolution Max desde Tailandia a Estados Unidos.
- Los propulsores destinados al mercado norteamericano volverán a fabricarse en Wisconsin y Pennsylvania.
- La decisión forma parte de la nueva estrategia "Back to the Bricks" impulsada por su nuevo CEO.
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Durante años Harley-Davidson hizo exactamente lo contrario: ,mientras buena parte de sus clientes pedían más motos "Made in USA", la marca fue trasladando parte de su producción a otros países para reducir costes y ganar margen. Era una decisión empresarial comprensible, sí, pero que nunca terminó de sentar demasiado bien entre los más puristas.
Ahora toca girar el volante, pues Harley ha confirmado que los Revolution Max destinados al mercado norteamericano volverán a fabricarse en casa, o al menos parte de ellos. Los modernos V2 que hoy impulsan a las Pan America, Nightster o Sportster S dejarán de llegar exclusivamente desde Tailandia para salir también de las plantas de Wisconsin y Pennsylvania.
Y no deja de ser llamativo que la decisión afecte precisamente al motor menos "Harley" de todos, porque el Revolution Max rompió con casi todo. Refrigeración líquida, cuatro válvulas por cilindro, arquitectura a 60 grados y un carácter mucho más deportivo que el de los tradicionales Milwaukee-Eight. Para muchos fue una traición a la esencia de la marca. Para otros, simplemente la Harley que necesitaba existir.
Lo curioso es que ahora será también una Harley más americana: "Estamos orgullosos de anunciar un nuevo paso adelante", comunicó la compañía. "Este movimiento devuelve el mecanizado, el ensamblaje del sistema de propulsión, la pintura y el montaje final a nuestras instalaciones de Pennsylvania y Wisconsin".
Traducido: más producción local y decenas de empleos sindicales recuperados. El cambio comenzará este mismo año y debería completarse durante 2027. Los primeros modelos con motores fabricados nuevamente en Estados Unidos llegarán como gama 2028.
Tampoco es un movimiento improvisado, pues Harley lleva meses revisando su estrategia después de varios ejercicios marcados por la caída de ventas y la necesidad de redefinir hacia dónde quiere ir la compañía. Recuperar parte de la producción nacional tiene tanto de decisión industrial como de declaración de intenciones.
Eso sí, tampoco conviene imaginar una retirada total de Asia. La fábrica de Rayong seguirá siendo fundamental para Harley-Davidson y continuará produciendo motocicletas destinadas a Europa y otros mercados internacionales. La globalización no desaparece de un día para otro.
De hecho, resulta difícil separar este anuncio del contexto actual que vive la industria estadounidense. Fabricar dentro del país vuelve a tener un valor que va mucho más allá del producto final y conecta directamente con una parte muy concreta de sus clientes.
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Pero el mensaje es evidente; después de años alejándose de sus raíces industriales, Harley quiere volver a vender algo más que motos. Quiere volver a vender una idea, y pocas cosas conectan tanto con esa idea como poder abrir el catálogo de una Pan America y leer, otra vez, aquello de "Made in USA".
