
- Günter Schachermayr celebró el 80 aniversario de Vespa cargando una scooter sobre sus hombros.
- Recorrió una torre de 39 metros en menos de diez minutos con una Vespa PK a cuestas.
- El austríaco llegó a sufrir mareos, problemas de visión y una lesión durante la preparación.
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Hay muchas maneras de celebrar el 80 aniversario de Vespa: una concentración, una ruta con amigos, restaurar aquella vieja PX que lleva años olvidada en el garaje, incluso hacerse un tatuaje... Y luego está Günter Schachermayr.
El austríaco lleva años construyendo una fama bastante peculiar dentro del universo Vespa, porque mientras otros aficionados coleccionan modelos o recorren kilómetros, él parece empeñado en descubrir hasta dónde puede llevar el cuerpo humano... siempre acompañado de un scooter italiano.
Esta vez decidió rendir homenaje a la marca de Pontedera de una manera difícil de explicar sin que suene inventada: cargar una Vespa PK sobre sus hombros y subir con ella hasta lo alto de una torre de vigilancia de 39 metros de altura. Literalmente.
El escenario elegido fue la torre panorámica Salzkammergut, situada en el bosque de Grünberg, en Gmunden, una localidad de la región austriaca de Traunsee. La estructura cuenta con una rampa helicoidal de acceso con una inclinación del 6%, y Schachermayr se impuso una condición adicional: completar la ascensión en menos de diez minutos.
Lo más sorprendente es que no improvisó absolutamente nada: para preparar semejante reto siguió durante meses un programa HIIT (entrenamiento interválico de alta intensidad) compuesto por seis sesiones semanales de dos horas y media. Incluso adaptó su alimentación para soportar el esfuerzo. Y aun así estuvo a punto de abandonar mucho antes de intentarlo.
En uno de los entrenamientos previos sufrió un serio susto. Al levantar la Vespa, el peso comprimió la zona cervical y le provocó un pinzamiento que llegó a entumecerle el brazo derecho, perdió el equilibrio y la moto acabó cayendo al suelo. "Mis discos intervertebrales y la columna seguían provocándome dolores insoportables", explicó después. "Tuve que consultar a un médico y comprendí que debía fortalecer todavía más la espalda y el abdomen".
Ni siquiera el día del desafío las cosas fueron sencillas: "Después de tres vueltas por las rampas me di cuenta de que sería bastante difícil mantener ese ritmo", relató el austríaco. "Empecé a notar dolor en las pantorrillas y tuve que bajar un poco la intensidad".
Pero lo peor estaba todavía por llegar: "El dolor en el hombro derecho aumentaba. Conseguí recorrer dos tercios del camino antes de que la vista empezara a fallarme y aparecieran los mareos", reconoció. "Tuve que detenerme". Cualquiera habría dejado la Vespa en el suelo, pero él no: "Reuní mis últimas fuerzas, respiré profundamente, apreté los dientes y seguí utilizando la energía que me quedaba", recordó. "El hombro y la columna me dolían muchísimo, pero con el apoyo de mi equipo lo conseguí".
Y lo consiguió; exhausto, completamente roto físicamente, pero con la Vespa todavía sobre los hombros, Schachermayr alcanzó la cima de la torre y completó uno de los homenajes más extravagantes que se recuerdan en la historia reciente del mítico scooter italiano.
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Lo curioso es que tampoco sorprende demasiado, porque quien siga mínimamente la trayectoria del austríaco sabe que esto encaja perfectamente en su manera de entender la pasión por Vespa: convertir una simple scooter en la protagonista de retos que rozan lo imposible. Ochenta años después de su nacimiento, Vespa sigue inspirando aventuras. Algunas consisten en recorrer medio mundo sobre dos ruedas, y otras... en cargar con ellas hasta perder la vista.

